Mr. Blue & Mss. Red (miedos)

22 10 2008

El viento sopla y me duele la cabeza.

Hace un día de perros.

Todo el mundo se ha quedado estudiando en las pequeñas celdas de su colmena, pero hace ya varios días que no sé nada de ella y necesito verla.

Éste es un pequeño secreto que jamás te he contado, TE NECESITO. Me hace falta tomar el pulso a esa Vida a la que día a día vas arrancándole pedacitos o mordiscos de ratón. Quiero participar de tu frenética alegría, también soplarte las lágrimas cuando las cosas vengan torcidas. Puede que sea egoísta, me siento como un súcubo que se alimenta de su presa.

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Creo que debí haber cogido el autobús – que tontería, si son sólo 3 minutos y no llueve tanto, además tenía que ver si funcionaban mis botas nuevas… el color está genial – seguro que a él también le gustan.

Menos mal que me ha llamado, no aguantaba más metida en ese cuartucho, las que eran sus amigas y también mías, me han dejado de lado y estoy sola. No consigo entender porqué. ¿Acaso creían que unicamente estaban compartiéndolo conmigo? Además, a él nunca le he visto demasiado apegado a ellas, creo que en realidad ni él ni yo pegamos demasiado en ese grupito. Esto es una mierda… Quiero una cerveza.

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Este juego privado de las cañas entre semana se está convirtiendo en un ritual – Hoy invito yo. Se que es estúpido pero no puedo evitar sentirme culpable.

Esas zorras la están dejando de lado por envidia, y casi me siento alagado. – con ella estoy más cómodo, tienen que poder verlo y entenderlo – lo que le están haciendo es una putada.

Nuevo apunte para la enciclopedia del sexo femenino: Por lo visto las inseguridades de la hembra alpha no resultan patéticas, siempre y cuando se vean respaldadas por la empatía (fingida o cierta) de la mayoría suficiente de la manada.

Me gustaría abrazarle en cuanto llegue, estoy seguro de que sabe que quiero de ella algo más que cañas, charlas triviales y bailes de Paulina. Creo que todavía quiere a su novio y lo último que me gustaría es complicarle la vida. Además siento que ella me necesita a mi tanto como yo a ella.

Nuevo apunte para la enciclopedia del sexo masculino: Por lo visto las inseguridades del macho no dejan de resultar patéticas aunque éste se devane los sesos buscando formas de justificar su “no actividad” en las cuestiones que le atemorizan

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Me gustaría abrazarle y que supiese que le necesito, aunque creo que sería ir demasiado lejos. No tengo claro como entiende él esta relación, no creo que nadie entienda esta relación… creo que ni yo misma la entiendo… Me da miedo pensarlo demasiado porsiacaso termino por definirla y lo estropeo todo. Sólo espero que no note nada, ahora mismo dependo de él y si metiese la pata me quedaría verdaderamente sola.

Como se puede querer a alguien y ser tan egoísta a la vez…

Ahí esta él con su mítica chaqueta de abuelo, se va a congelar.

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Joder que frío hace.

Mírala, ahí viene. Va encantada con sus botas rojas y sus coletas.

TE QUIERO POR SER

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TE QUIERO POR ESTAR





SOY DE PATA NEGRA

27 05 2008

Me siento cargado estos días en los que el invierno corre y se abraza a los cristales, sin embargo el calor en casa es exajerado, la caldera como buena anciana que es hace ya mucho que ha dejado de controlar sus arrebatos, me gusta así. Me gusta poder sentir el contraste apoyando la mejilla en la ventana mientras miro los quehaceres y las maneras de la vecina de enfrente.

Pero ahora necesito bajar y enfrentarme al invierno cara a cara, sin escudos, sin ventanas, y así decido bajar sin mas abrigo que la camiseta que llevo puesta, al fin y al cabo en todo lo largo y ancho de su pechera se puede leer “SOY DE PATA NEGRA”.

Son las 7 de la tarde y las farolas son ya lo único que ilumina un poco la calle, supongo que a esta hora todavía se estará poniendo el sol en Vigo, camino con el cuerpo bien erguido bajo la lluvia mientras en mi cabeza late la idea de que si no pienso en ella no le dará tiempo a mojarme, este absurdo viene a cuento únicamente porque son sólo 30 metros los que separan mi portal del chino mas cercano.

En la puerta una niña de unos tres años juega dando saltos, de la acera a la entrada y de la entrada a la acera. Podría ser el típico bebe de anuncio, pelo rubio rizado, ojos azules, y esa sonrisa entre dulce y diabólica que indica a todas luces que será una auténtica zorra cuando crezca. No puedo evitarlo y acaricio su pelo al pasar por su lado, inmediatamente deja su juego de los saltos y se da la vuelta para clavarme unos ojos que deberían estar prohibidos a su edad. Entro buscando algo para comer mientras me reafirmo en mi pronóstico. Las lecciones del miedo y la desconfianza las tiene ya bien aprendidas.

Doy una vuelta entre las estanterías del chino buscando algo para cenar, tengo que comprar también la botella para esta noche pero miro las monedas y me doy cuenta de que mi presupuesto es más que limitado, en un típico análisis de prioridades me acerco a la dependienta y antes de decirle nada saca de debajo del mostrador una botella de DYC para meterla en la bolsa.

– yo piensa que tu no venir hoy.
– Los viernes toca, ya lo sabes

Le sonrío simpático mientras pienso en lo lamentable que resulta el hecho de que una pobre mujer que trabaja 12 horas al día y no conoce más España que la que ve desde detrás de su pequeño mostrador se haya detenido en algún momento a analizar mi patético modo de vida.

- tu, cena tiene?
- Si bueno algo tengo, (una lata de ventresca y un par de onzas de chocolate)
- Tu tiene comer

Con un salto desde su taburete abandona su pequeño santuario dejando desatendidos su mini DVD y su caja registradora para coger un sobre de tallarines instantaneos.

- no picante veldá?
- Muchas gracias pero no hace falta, en serio.
- Na na na na, Tu tiene comel, tu tiene comel.

Le pago con lo que tengo la botella de whisky y no dejo de agradecerle el detalle de los tallarines. Si ya me sentía ridículo esto me acaba de cubrir de mierda hasta las orejas.

La niña vuelve a mirarme ahora con una mueca compasiva, no creo que haya entendido nada de lo que acaba de pasar y su cara es probablemente solo un acto reflejo ante mi gesto avergonzado.

Al salir de la tienda no puedo dejar de pensar en lo que me gustaría coger a la pequeña criaturita para llevármela a casa y emborracharla, vestirla como una puta, pero eso si, dejándole el enorme lazo rojo puesto (al fin y al cabo es una señorita). Podría llevármela al Nasti y dejarle en la puerta con los maricones para ver como se desenvuelve.

Creo que Maquiavelo también gustaba de hacer experimentos sociológicos con infantes.






A PESAR DEL FRIO DE MADRID

25 05 2008

Lo cierto es que aunque sentía un cariño especial por ella, creo que no había llegado a echarla de menos. Hablamos un par de veces por teléfono después de terminar con lo que fuese que tuviéramos, de está manera me protegía con la famosa y debilitada postura de quien afirman seguir siendo sólo “amigo”. Ella era mucho más sincera, en las conversaciones que teníamos nunca me preguntó que tal me iba, es normal que mi vida no le importase un carajo al fin y al cavo me había portado como un auténtico jilipollas.

Sin embargo cuando ayer a las 5 de la mañana apareció su nombre parpadeando en la pantalla de mi teléfono parpadearon también todas mis entrañas. Antes de cogerlo ya sabía que necesitaba algo y que antes de pedírmelo a mí, había fusilado media agenda buscando ayuda. No sé cuanto tiempo debía llevar en la calle, le temblaba la voz, conseguir un taxi a las cinco de la mañana es materialmente imposible.

El frío de cualquier noche de diciembre en Madrid te puede arrancar la piel a tiras así que un poco aturdido por el alcohol y la música machacona acerqué mi coche a donde ella estaba. Apareció saliendo de una bocacalle abrazada a si misma tratando de protegerse. Pasó por mi lado como un fantasma y creo que esa imagen fue el desencadenante de todo lo que vendría luego.

Sus ojos parecían pequeñas esferas talladas en marfil, el frío y el cansancio habían matado su frenético modo de mirar, la boca se había reducido hasta convertirse en una línea mínima bajo su nariz enrojecida y las mejillas mantenían un gesto sólido completamente inanimado, hasta el punto de que tuve la sensación de verme reflejado en ellas. No dijo nada. Me atravesó al pasar como hacía desde hace dos semanas y se dirigió directamente al coche donde se desplomo y pude ver por fin un esbozo de sonrisa. Hubo también silencio en el camino a casa y sólo mientras me peleaba con las llaves para abrir el portal me abrazó por detrás y me dio las gracias.

Se tiró en la cama nada mas llegar y en el tiempo que tardé en ir a la cocina a por la botella de agua se quedó completamente dormida. Me senté en el sillón de mi habitación y me quedé mirándola durante un par de años. ¿Qué es lo que había fallado? Tenía la impresión de que lo que hubo entre nosotros era un puzzle que construyes aun sabiendo que le faltan piezas, podría haber ignorado el hecho, podría haber seguido adelante y rellenar los huecos con pequeñas historias que fuesen surgiendo, pero…

Me levante entre 4893 besos repartidos por toda la cara. Supongo que ella sólo necesitaba dormir, aunque lo que realmente pensé es que me había robado todos los pequeños pedazos de vida que había ido dejando abandonados en mi cama y se los había guardado de nuevo para ella, convirtiéndose otra vez en esa gata que no para de dar vueltas y rozar su costado contra ti para que la acaricies.

Joder, habían pasado solamente dos semanas desde la última vez que recibí algo de cariño pero me habían parecido años.

Me cago en la puta, la echaba de menos.





UNA NUEVA SITUACIÓN

25 05 2008

8:45 de la mañana y un click del despertador anuncia el estruendo. Con una certera patada lo apago. Apoyo primero la mano derecha, luego la izquierda. El suelo está helado, así que me dirijo rápidamente al baño y trato de mirarme en el espejo mientras dejo correr el agua para que salga bien caliente. La imagen que doy en mi nueva situación invertida es casi cómica, mas aun estando desnudo. La gravedad hace que mis huevos cuelguen en el sentido contrario al que lo suelen hacer y eso le da a mi entrepierna una extraña sensación de libertad.

El agua cae fuerte sobre la planta de mis pies y me hace cosquillas. Como todos los días ordeno mentalmente las cosas que tengo que hacer, los días festivos son siempre muy ajetreados, por eso me gusta levantarme temprano. Con fuerzas renovadas salgo de la ducha, me visto y sin más salgo a la calle.

Con un sencillo gesto del pulgar me despido del portero que me responde del mismo modo pero con la cabeza. Agradezco en parte el trabajo de los servicios de limpieza, en la acera no hay chicles ni colillas, pero si largos charcos que trato de evitar. Supongo que en el momento en que me acostumbre estas cosas no me importarán tanto.

La gente pasa por mi lado y ni siquiera Enrique el de la frutería se da cuenta de mi nueva situación, en realidad lo agradezco porque no me apetece nada dar explicaciones. Pero supongo que la pregunta era inevitable y de repente de alguna parte se escucha – ¡Eh, pero tu que haces?! – Enseguida me doy cuenta de que es un caracol quien me mira con el ceño fruncido.
- voy al mercado.
- ¿Pero porque vas del revés?
- No lo sé, por curiosidad. Me apetecía ver el mundo de esta manera.
- ¿y a quien le has pedido permiso, si se puede saber?
- No sabía que tenía que pedírselo a nadie…
- Pues si. Así que date la vuelta ahora mismo, esta perspectiva es sólo para los de nuestro tamaño.
Tras pensar un poco le contesto.
- Muy bien, yo daré un giro de 180 grados si tu lo das de 90 y me lo pides erguido. No queda muy serio que me exijas estas cosas estando recostado.
El caracol me mira extrañado, parece que se ha enfadado.
- pues no me da la gana

Me da la espalda y se larga dejando tras de si un moco un poco más verde de lo normal. Ya sabía yo que estos caracoles además de orgullosos son bastante vagos, nunca son capaces de dar ni la mitad de lo que exigen.

Sigo andando un rato y me doy cuenta de que no he desayunado, así que entro en bar para tomar algo. Está lleno, por lo visto están poniendo la formula uno sé que el dueño es muy aficionado y suele invitar siempre a una tropa de amigos. Me acerco a la barra entre los empujones de la gente y le pido a Carlos, el camarero, un café bien cargado.

Al rato una chica se acerca a mi y me pregunta si me molestaría que apoyase su poleo sobre mi pie ya que en la barra no queda sitio. No tengo muy claro que es lo que se debe hacer en estas situaciones, pero como ella es bastante guapa le digo que no hay ningún problema.

Creo que no se ha dado cuenta de que en mi situación y llevando ella una bonita falda puedo verle las bragas sin ningún problema, son tipo short y con un barquito velero dibujado. Está imagen aunque inocente y casi infantil me excita bastante, que le vamos a hacer, cosas de la testosterona. De repente la chica agarra su poleo y se aleja dando empujones entre la gente. Estaba claro que antes o después se daría cuenta de que me lo estaba pasando demasiado bien.

Salgo del bar y me dirijo al metro. Antes de entrar una voz que habla desde mi talón me dice – si no te importa yo me quedo aquí- parece que a mi alma no le hace mucha gracia lo de ir en metro.
- pero acompáñame por favor
- no me pidas eso, a las almas no nos gusta nada meternos bajo tierra, si no podemos ver el cielo sobre nosotras nos agobiamos en seguida.
- Bueno, está bien. Pero estarás allí cuando salga, verdad?
- Si claro, yo te seguiré por la superficie, me he acostumbrado a las cosquillitas que me hace tu sangre dentro de ti y no pienso quedarme sin ellas.
- Me alegro de que te guste, pues hasta luego entonces.

Parece que el ir boca abajo le ayuda a uno a hablar con su alma.

Lo que me ha contado me ayuda a entender muchas cosas. Ahora sé porque los mineros tienen siempre un gesto tan triste, 8 horas al día sin alma son muchas horas. Además no es difícil darse cuenta de que la gente el metro viaja sin alma. Unos miran a un lado y a otro sin saber muy bien que buscan, otros escuchan música o leen libros para evitar pensar en lo que les falta, y nunca nadie dice nada.





CAROL Y LOS CHORIZOS

25 05 2008

Carol tenía todo lo que una mujer puede desear. A sus cincuenta años aun hacía girar la cabeza a los hombres que pasaban por su lado, la habitación más grande de su chalet hacía la función de vestidor para los cientos de vestidos que su marido, un afamado escritor de Best-sellers le regalaba todas las semanas. El la amaba hasta la médula, se desvivía por ella y padecía estoicamente su inconsistencia.

Hacía ya tiempo que la casa se había vuelto infinitamente grande para los dos, no quería molestar a su marido, que se encerraba durante horas es su estudio para escribir, de manera que deambulaba por la casa como un fantasma vigilando de manera casi obsesiva que cada cosa estuviera en su lugar y que todo permaneciese impecable. Continuamente se deshacía del personal de servicio por no ser, según ella, suficientemente competente, y no sin antes montarles una es cena con el único fin de que los ojos de sus sirvientes se llenasen de lágrimas. No es que esto le produjese especial placer, lo hacía de un modo casi inconsciente para romper con ello la monotonía de los días y regalarle a su vida una cierta intensidad.

En una ocasión Marcos, el chofer de la pareja, mientras soportaba una de las ridículas reprimendas de la señora, no se contuvo y cerrando los puños con fuerza mientras mascullaba entre dientes se dirigió a toda velocidad hacia ella y antes de darle tiempo a gritar, la beso; la beso con toda la intensidad y buen hacer de la sangre puertorriqueña podía aplicarle a un beso.

El flirteo con Marcos duró unos pocos meses, disfrutó durante una época de lo que en principio parecía la solución perfecta a una vida que con el tiempo ya no lo parecía tanto. Los juegos por los pasillos, las miradas de complicidad, los roces poco accidentales en presencia de su marido y los paseos con Marcos en el coche, le dieron un cierto estímulo durante una temporada, sin embargo, pronto la conciencia y el dolor que le causaba la ilusión con la que cada semana aparecía Eduardo con un nuevo vestido, terminaron por hacer que el sentimiento de traición fuese demasiado fuerte, de manera que terminó con su pequeño “affair”.

Marcos, amenazaba de cuando en cuando a Carol con contarle la pequeña aventura a su marido, en un principio con la única intención de proteger su puesto de trabajo, cosa que consiguió por descontado. Pero pronto se acomodó en la situación y abandonaba la cochera para pasearse por el chalet como si fuese el señor de la casa. A ella le reventaba verle paseándose de la cocina a la biblioteca (sus lugares predilectos) inflado como un pavo.

Pero esta mañana todo se quedó en poco al descubrir que el chofer se encontraba en la biblioteca engullendo un bocadillo de chorizo sobre el sillón de lectura mientras ojeaba un libró de poemas de Bukowski riéndose a carcajadas. Carol no pudo soportar la imagen, la primera sensación de impotencia pronto se transformó en un odio intenso que le cegaba.

Se dirigió hacia el casi corriendo, agarró el cuchillo con el que había trinchado el chorizo sobre la mesa de estudio, y antes de que este pudiese engullir el último pedazo de su bocadillo, se lo atravesó en la garganta utilizando para ello una fuerza casi innecesaria ya que el cuchillo se hundió completamente sin apenas resistencia, la sangre comenzó a caer sobre el cuerpo del puertorriqueño – Es increíble lo sencillo que es matar a un hombre, pensó – En ese momento y en un descuido miró a los ojos de marcos, unos ojos inyectados en sangre que le miraban fijamente.

Ese fue el final.

Hizo un nudo entre dos de los chorizos e introdujo su cabeza, ató un extremo de la ristra a una de las barandillas del balcón de la biblioteca y tras descalzarse se subió a ella. En lo alto de la barandilla y con una sola lagrima recorriéndole la mejilla pensó que no debía terminar así, que NO podía terminar así. Aunque fuese una guerra perdida ahora tenía algo por lo que luchar.

Su pie se deslizó sobre la grasa de los chorizos y se precipitó al vacío