NIETZSCHE: CASOS DE CONCIENCIA

22 10 2008

¿Vas corriendo delante? – ¿Lo haces como pastor?, ¿o como excepción? Un tercer caso es el que corre huyendo… Primer caso de conciencia.

¿Eres auténtico? ¿o solo un comediante?, ¿Un representante? ¿o la cosa misma representada? – En última instancia no eres más que un comediante simulado… Segundo caso de conciencia

¿Eres tu uno que se queda mirando?, ¿o que echa una mano? – ¿o que aparta la vista, se margina?… Tercer caso de conciencia

¿Quieres ir junto a los demás?, ¿o precederlos?, ¿o caminar solo?… Hay que saber qué se quiere y que se quiere. Cuarto caso de conciencia





INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA A UN RELOJ

26 05 2008

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca.

Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

JULIO CORTÁZAR





EL PERIODISMO POR DAVID TRUEBA

25 05 2008

Hoy, después de restregar por mis narices el periódico de los Domingos, no he podido evitar recordar uno de esos libros de adolescencia con fragmentos geniales que se te clavan para siempre:

- Tienes diez minutos para rehacer el artículo
- No pienso hacerlo.
- ¿Cómo?
- Quiero dejar el periódico, me quiero ir. No hay nada aquí que me interese.
- ¿Ahora nos miras por encima del hombro? ¿Nos hemos quedado pequeños para ti?
- No es eso –argumenté-, es que yo creía que el periodismo era otra cosa, que ir siempre por detrás, interesado en lo más estúpido de la gente, que no se limitaba a repetir lo obvio, que también podía ser algo creativo, no tomar notas en ruedas de prensa y servir de altavoz a los que tienen dinero para pagarlo. Me he dado cuenta de que los que hacemos los periódicos pensamos que la gente es gilipollas y hemos decidido ponernos a su altura, hasta el grado de que nos hemos convertido en auténticos gilipollas…
- ¿Estás de broma?
Me puse de pie y seguí hablando con la vehemencia de quien no tiene nada que perder.
- No. Lo que creo es que nadie necesita una opinión más. El mundo está lleno de opiniones, todo el mundo tiene su mierda de opinión y además se empeña en que te enteres de ella. ¿Es que nadie se ha dado cuenta de que las opiniones de los demás a nadie le importan un carajo? Incluso las opiniones propias. A mi me parece que mi opinión sólo tiene valor si me la reservo para mí, y para mis amigos como mucho. Antes sólo opinaban los sabios ¿y ahora?, he oído un huevo de veces eso de “tengo derecho a expresar mi opinión”, pues no, te la guardas para ti. Estoy de las opiniones y de los periódicos hasta los huevos. Basta ya, tener una opinión debería ser algo excepcional, algo pensado, estudiado, meditado…

DAVID TRUEBA “Cuatro amigos”